El software que se adapta a ti, no al revés

Siempre fuiste tú quien se adaptó al software. Una idea llamada "software maleable" lleva décadas queriendo cambiar eso — y los LLMs acaban de darle su mejor oportunidad.

El software que se adapta a ti, no al revés

Imagina que compras unos audífonos nuevos. Buenos, de esos que suenan bien y se sienten bien en las orejas. Pero vienen con una app.

La app tiene un ecualizador de diez bandas que probablemente nunca vas a tocar. Tiene un modo "paisaje sonoro" para simular que estás en una cafetería. Tiene notificaciones de actualización de firmware. Lo que no tiene es lo único que necesitas: poder mapear los botones físicos a las acciones que realmente usas, y —esto es más de nicho— rutear fuentes de audio distintas a cada oído para escuchar dos cosas al mismo tiempo.

Esa función no existe. Tampoco existe la posibilidad de crearla. La app está sellada.

El software siempre gana la pelea

Ese escenario captura algo que damos por sentado: tú te adaptas al software, nunca al revés. Aprendes a usarlo como fue diseñado, reorganizas tu flujo de trabajo para que encaje en sus pantallas, y aceptas que el 60% de las funciones no te sirven — mientras que ese 5% que realmente necesitas no existe en ningún menú.

No es descuido de los desarrolladores. Es un problema estructural: un equipo centralizado no puede atender las necesidades de millones de personas distintas. El médico que quiere eliminar campos inútiles de su sistema de expedientes. El contador que necesita un cálculo específico que ninguna hoja de cálculo incluye. Tú, con tus audífonos y tu caso de uso que nadie más tiene, pero que para ti importa.

El software se diseña para el usuario promedio. Y el usuario promedio no existe.

La idea que nunca pudo despegar

Existe un nombre para la visión opuesta: software maleable. La idea de que las personas deberían poder moldear sus herramientas a sus propias necesidades — sin ser programadores, sin esperar que una empresa decida implementar tu solicitud en la próxima versión.

No es una idea nueva. Investigadores llevan décadas trabajando en esto. El problema siempre fue el mismo: para moldear software, necesitabas saber programar. Y eso limitaba el mercado a exactamente las personas que ya podían construir lo que quisieran desde cero. Software maleable para programadores resultaba ser, básicamente, redundante.

VS Code es un ejemplo notable de dónde esto funcionó a escala. El editor de Microsoft empezó minimalista; la comunidad construyó todo lo demás encima: temas, integraciones con cualquier servicio imaginable, herramientas de IA, soporte para cada lenguaje existente. Hoy tiene más de 60,000 extensiones y el 73% de los desarrolladores del mundo lo usa. Cuando das a las personas los medios para moldear su software, lo moldean — y el producto se vuelve más valioso para todos.

Pero ojo: esos usuarios son desarrolladores. Personas que saben crear las herramientas que necesitan. El experimento funcionó perfectamente en el único segmento donde nunca fue realmente necesario.

Los LLMs cambiaron la ecuación

Ahí está el giro: los LLMs acaban de eliminar el único obstáculo que importaba.

Traducir intención informal — "quiero que esto haga X cuando pase Y" — en código ejecutable siempre fue el cuello de botella. Era un problema de lenguaje: tú piensas en necesidades, el software habla en funciones y métodos. Nadie había podido cerrar esa brecha para el usuario común.

Los LLMs la cerraron. Y el mecanismo es más simple de lo que parece.

Una empresa que quiera hacer su producto maleable no necesita reinventar su arquitectura. Solo necesita preparar un pre-prompt: un texto con el contexto de cómo funciona el producto, qué puede personalizarse, y las instrucciones necesarias para construir algo encima. El usuario copia ese pre-prompt, añade en lenguaje natural lo que quiere hacer —"quiero una vista que solo me muestre el tipo de cambio del euro y me avise si baja de cierto valor"— y lo manda a cualquier chat de LLM. ChatGPT, Claude, Gemini, lo que tengas a mano.

Eso es todo. Sin configuraciones. Sin aprender APIs. Sin instalar nada especial. La barrera entre "quiero esto" y "esto existe" se reduce a escribir una oración.

Cómo se vería en la práctica

Pensemos en Quantis, la calculadora de divisas de vzla.io. Hoy tiene varias herramientas para distintos casos de uso: conversión entre monedas, tasas cruzadas, calculadoras para escenarios específicos. Útil. Pero no todos los usuarios necesitan todas las herramientas, y hay necesidades que todavía no están cubiertas.

Imagina que Quantis fuera un canvas. Una pantalla base con los datos de tasas en tiempo real, y nada más. A partir de ahí, cada usuario construye su propia vista: la calculadora que usa todos los días, el gráfico histórico del período que le interesa, la alerta para cuando el tipo de cambio llega a cierto umbral. No porque Quantis haya programado esa función específica — sino porque el usuario describió lo que necesitaba, pegó el pre-prompt de Quantis en su chat de LLM, y lo construyó él mismo en minutos.

Ese Quantis no sería el mismo producto para todos. Sería el producto que cada quien necesita.

La puerta está abierta

¿Va a pasar esto? No lo sabemos con certeza. El mercado decide, y hay fuerzas económicas, técnicas y culturales que pueden acelerar o frenar cualquier tendencia. El software maleable ha tenido defensores brillantes por décadas y aún no es la norma.

Pero algo cambió esta vez. El obstáculo que siempre bloqueó la puerta ya no está. Y eso, para cualquiera que construye productos, que imagina cómo podrían ser las cosas, que alguna vez se frustró con una app que no le dejaba hacer lo que necesitaba...

La idea de que el software se adapta a ti, y no al revés, dejó de ser solo una idea bonita.