El software maleable es la próxima categoría de producto

El tech se está degradando de formas que ya no tienen vuelta atrás. Pero eso no es solo una mala noticia — es la apertura de un mercado. Y el software maleable es la apuesta de los builders que van a llenarlo.

El software maleable es la próxima categoría de producto

La nevera inteligente de Samsung empezó a mostrar anuncios en las cocinas de sus usuarios. Google fue hallado legalmente culpable de haber degradado su propio buscador de manera intencional. El 76% de los sitios web que analizaron la FTC y sus equivalentes internacionales usan al menos un dark pattern: diseños deliberadamente construidos para manipular al usuario. El 56% de las personas ha perdido confianza en una plataforma por exactamente eso.

Cory Doctorow tiene un término para este ciclo: enshittification. La American Dialect Society lo eligió palabra del año en 2023. El diccionario australiano Macquarie, en 2024. En 2025, Doctorow publicó un libro completo al respecto. El proceso siempre sigue el mismo patrón: primero una plataforma da valor real, luego lo cobra, luego lo extrae. Lo notable no es que esté pasando. Es que ya no se puede ignorar.

Para la mayoría de los usuarios, esto es solo una frustración creciente. Para un builder con criterio, es otra cosa: una señal de mercado.

Lo que Proton aprendió antes que todos

En 2014, Andy Yen era físico en el CERN. Las revelaciones de Edward Snowden sobre vigilancia masiva de la NSA llevaban un año en el aire. Yen y dos colegas lanzaron una campaña de crowdfunding para un servicio de email que el proveedor no pudiera leer. Levantaron $550,000 de más de 10,000 personas.

La lección no fue que había demanda por un servicio de email. Fue que había demanda por una filosofía. La privacidad como promesa real: no un feature en el bullet list de marketing, sino el principio arquitectónico de todo lo que construían.

Hoy Proton tiene más de 100 millones de cuentas, ingresos estimados de más de $500 millones al año, y una valoración que supera los mil millones de dólares. Sin capital de riesgo tradicional. Sin monetizar datos. Sin publicidad. Solo suscripciones de usuarios que confían en que el producto cumple lo que promete.

Proton no ganó porque hizo mejor email que Gmail. Ganó porque construyó una categoría diferente: software que no te traiciona. Cada nuevo producto que lanzó amplió esa misma promesa: VPN, almacenamiento, calendario, contraseñas. El moat no son las features: es la coherencia filosófica del ecosistema.

La misma apuesta, otra dimensión

Existe una dirección que nadie está construyendo en serio todavía, y que opera con la misma lógica que Proton.

Se llama software maleable. La idea es simple en concepto y difícil en ejecución: en lugar de hacer software que todos los usuarios usan exactamente igual, hacer software que cada usuario puede moldear a sus propias necesidades. No apps selladas. Herramientas vivas.

En junio de 2025, el laboratorio de investigación Ink & Switch publicó el ensayo más influyente del año sobre el tema. Su argumento central: las apps de hoy son "cortadores de aguacate", diseñadas para un caso de uso tan específico que terminan siendo mediocres para todos los demás. El médico que no puede borrar campos irrelevantes de su sistema de expedientes. El contador que necesita un cálculo que ninguna hoja de cálculo incluye. El usuario con exactamente una necesidad que nadie programó.

Si quieres más contexto sobre la idea y cómo los LLMs cambiaron la ecuación para el usuario final, ese ángulo lo exploramos aquí. Para el builder, la pregunta es diferente: no qué se siente usarlo, sino qué significa construirlo.

El moat que nadie está viendo

Un producto maleable no solo es más útil para el usuario. Es más difícil de abandonar.

Cuando alguien usa un producto genérico, el switching cost es bajo: busca una alternativa, aprende la interfaz nueva, listo. El caso cambia cuando un usuario ha configurado, extendido, o construido algo encima de tu producto. Cuando la herramienta ya carga su historia, sus reglas, su lógica, el costo de irse no es aprender otro producto. Es perder el producto que construyó para sí mismo.

Eso es un moat real. No de lock-in artificial ni de dark patterns. De valor genuinamente creado por el usuario dentro de tu plataforma.

Mikhail Dubakov, founder de Fibery, lo dice directo: para 2030, las plataformas maleables con IA harán que el SaaS vertical rígido se sienta como una reliquia. No porque el software rígido sea malo per se. El maleable puede ser todo lo que el rígido es, y además adaptarse.

La analogía es cercana para quienes usan Quantis: una plataforma de tasas de cambio puede ofrecer los datos precisos y actualizados como núcleo de valor, y permitir que cada usuario construya sobre eso la vista que necesita: la calculadora de su caso específico, la alerta del umbral que le importa, el gráfico del período que monitorea. No porque el equipo programó cada variante, sino porque el usuario las describió y el producto las permitió.

No hay mapa. Eso es bueno.

La categoría de software maleable no tiene un playbook establecido. Hay investigación académica seria, hay productos que se acercan sin nombrarlo así, y hay un espacio enorme entre lo que existe y lo que podría existir.

Para el builder que busca oportunidades reales, ese mapa en blanco no es una advertencia. Es exactamente la señal de que vale la pena explorar.

Proton no inventó la privacidad. Ink & Switch no inventó la idea de software moldeable. La oportunidad de producto no requiere inventar el concepto. Requiere ejecutarlo con coherencia, con filosofía, y con paciencia suficiente para que los usuarios entiendan que esto es diferente.

El tech se está pudriendo de maneras que ya no tienen vuelta atrás. Y cuando una industria se pudre, siempre hay algo que la reemplaza. La pregunta no es si va a pasar. Es quién lo va a construir.